Primero la responsabilidad ambiental

Primero la responsabilidad ambiental

Martes, Mayo 1, 2018

Todos los días se encienden miles de luces y aparatos eléctricos. Todos los días se consumen miles de litros de agua y se desechan toneladas de residuos. Pero también todos los días hay personas pensando cómo hacer que las actividades de Comfamiliar Risaralda sean más sostenibles y amigables con el medio ambiente, es la labor de la Gestión Ambiental, encabezada por Juan Guillermo Jaramillo.

“El manejo de residuos, es nuestra actividad más fuerte y la que más demanda trabajo” explica Juan Guillermo. Aquello implica el reciclaje y los procesos de separación en la fuente, que contribuyen a que buena parte de los residuos se reutilicen o sean reciclados. Pero en la Clínica y el Área de Salud se producen residuos que ameritan un manejo más complicado: hay desechos biológicos, como las jeringas, las gasas y en general todos los derivados de la atención a los pacientes, y hay residuos peligrosos, como lámparas, pilas, baterías o derivados de hidrocarburos, y residuos especiales, como las bolsas de suero que contienen poliuretano. Por eso se diseñó un Plan de Gestión Integral de Residuos: “así sabemos qué genera cada área, dónde lo genera y cómo lo vamos a almacenar y transportar. Para eso tenemos unos contratistas especializados en manejo de residuos biológicos y residuos peligrosos” puntualiza Juan Guillermo. “Adicionalmente manejamos el reciclaje en todas las sedes: se recupera plástico, cartón, papel, vidrio, chatarra en algunos casos, y algunos residuos especiales como las bolsas de suero. El reciclaje se vende a una cooperativa de recicladores de Dosquebradas”.

El segundo pilar es el manejo del agua, tanto en las diferentes sedes, donde se vela por un uso eficiente del líquido, como en el Parque Consotá, que se abastece de la quebrada La Morenita y de dos pozos profundos. “Hacemos un seguimiento desde que captamos el agua de la quebrada, luego la potabilizamos y distribuimos en las diferentes sedes, y después hay que garantizar un tratamiento a las aguas residuales que se devuelven a la quebrada. Es un ciclo completo, desde que tomamos el agua hasta que la devolvemos al alcantarillado”. El Parque utiliza 10 litros de agua por segundo, un líquido que sirve para el llenado de las piscinas, el riego de jardines y el consumo humano. “Por eso estamos en un proceso de transición para hacer la conexión al acueducto y no depender del agua de La Morenita” concluye Juan Guillermo.

Pero en el Parque no solo está la Quebrada, sino también el guadual que la circunda, uno de los mayores atractivos por su belleza y los servicios ambientales que provee. Por ello el tercer pilar de la gestión ambiental de la Caja tiene que ver con el manejo forestal. “Nuestro guadual tienen una certificación en manejo forestal sostenible” explica Jaramillo: “tiene que ser socialmente equitativo, ambientalmente sostenible y económicamente viable”. Socialmente equitativo significa que quienes trabajen cosechando la guadua tienen todas las garantías laborales y de protección, e igualmente este recurso beneficia a las comunidades aledañas, por ejemplo, la guadua se vende más barata a los vecinos del barrio Galicia. Ambientalmente sostenible quiere decir que el uso del guadual respeta las especies que viven en el y no destruye el ecosistema. Económicamente viable significa que el recurso en su conjunto aporta al funcionamiento de la Caja, bien sea por la venta de guadua que se corta, bien sea por los servicios ambientales que son cruciales para el funcionamiento del Parque: el guadual sirve de franja de protección a la Quebrada La Morenita, y allí habitan un sinnúmero de aves, armadillos, zorros grises, iguanas y ardillas, todo un valor paisajístico para los visitantes. “El guadual no lo vemos como una unidad productiva para vender guadua” agrega Juan Guillermo, “su aprovechamiento es un manejo adicional para mantener los servicios ambientales que le provee al Parque”.

Un cuarto pilar, más pequeño pero no menos importante es la calidad del aire. Los encargados de la gestión ambiental deben hacer controles periódicos a las emisiones de gases que se producen como resultado del funcionamiento en las calderas de la Clínica para calentar el agua, y también en el trapiche que hay instalado en el Parque Consotá. Estos controles verifican que no haya gases tóxicos, ni nocivos y se hacen llegar a la CARDER.

Finalmente, un quinto componente transversal a todas las dependencias y actividades de la Caja es la educación ambiental. Periódicamente se realizan campañas de reciclaje, sensibilización sobre el buen uso del agua y la energía, capacitaciones sobre separación en la fuente, explica Juan Guillermo, con el objetivo de “generar una consciencia y una cultura ambiental organizacional”, porque en Comfamiliar Risaralda primero está el compromiso con el planeta.