Un sistema de oportunidades y realidades

Un sistema de oportunidades y realidades

Por: 
Adriana Guillén Arango

Hace 60 años las Cajas de Compensación Familiar fueron creadas por los empresarios colombianos en beneficio de los trabajadores de menores ingresos y sus familias. El objetivo: cerrar brechas sociales en un país marcado por la desigualdad, a través de un mecanismo que garantiza la distribución de la riqueza a gran escala y el retorno al sector empresarial en términos de productividad y consumo. 

El actual escenario de profunda inequidad, en el cual los recursos se concentran en el 1% de la población, revindica la pertinencia de un mecanismo como el del subsidio familiar que, focalizado en los trabajadores, promueve la formalidad laboral y la estabilidad de la clase media, segmento que a la postre es la base de la productividad y del consumo en el país. De manera que afirmar que las Cajas no son exitosas frente a los pobres más pobres no tiene ningún sentido, pues sin dejar de lado que la población vulnerable debe también ser atendida y bien atendida, es importante resaltar que tal responsabilidad recae de manera primigenia en el Gobierno nacional con recursos del presupuesto al cual todos aportamos con nuestros impuestos, y no con recursos del sector empresarial. 

Hoy en día las Cajas entregan beneficios directos a 9,5 millones de trabajadores y 11,5 millones de personas que integran su núcleo familiar.  

Sin contar los cerca de 7 millones que son atendidos a través de diferentes Fondos creados por iniciativa del Gobierno nacional: Foniñez, Fosyga y Fosfec, los cuales se llevan el 42% de los recursos recaudados del 4%. Como resultado, este modelo impacta a cerca de 28 millones de colombianos, más del 50% de los habitantes de nuestro país. Logros que han sido posibles gracias al aporte de 693.000 empresas que pueden afirmar a sus trabajadores que es posible crear valor social y económico al mismo tiempo. Sin duda, el impacto de esta gestión confirma que la existencia por más de seis décadas de las Cajas de Compensación se debe a su probada e incuestionable eficiencia más que a un mítico “poder político”. 

Considero que la rentabilidad de este modelo no es igualada por ningún otro, debido a que existe una sinergia fundamental y profunda entre la producción de ganancias y la contención de problemas sociales. 

Mis preguntas entonces para la Misión del Gasto son: ¿cómo eliminar un punto porcentual sin afectar a los trabajadores población objeto de este aporte? ¿Qué programa o programas se recortarían en el entendido que cada punto del 4% no es de libre destinación, sino que tienen un uso exclusivo, focalizado, regulado y con aplicación específica? Si se tiene en cuenta que el 98% de las Cajas de Compensación no tienen la capacidad de subsistir sin ese aporte ¿Quién asumirá ese costo social?  

Es fácil concluir a partir de los mitos, pero es evidente que poco se conoce de la realidad de un sistema pionero en la generación de valor compartido. ¿Se justifica entonces marchitar un sistema que ha logrado unir a Gobierno, empresarios y trabajadores en pro de un bien común de bienestar y productividad? 

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